Asumiendo el trabajo problemático de otro
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El consenso general en la industria de los contratistas es nunca
asumir el proyecto que otro comenzó. Pase por algún sitio en
construcción y escuchará ese consejo una y otra vez. Sin embargo, la
realidad es que muchos contratistas prósperos automáticamente asumen
dichos trabajos. Puede darse sin complicaciones, con un riesgo mínimo y
de manera que le permita congraciarse con el propietario.
De hecho, muchos trabajos los comienza alguien más—ya sea un contratista o un propietario que pronto se percató de haber abarcado demasiado. En el noreste, por ejemplo, donde abundan las viviendas de 100 años, es raro que decenas de contratistas no hayan participado en los sistemas de plomería, calefacción y electricidad—hasta en los de yeso, cemento y mortero. Pero eso también es cierto en viviendas más nuevas y en otras partes del país. Muchos trabajos transferidos y rechazados del todo, sin ver el sitio, no es manera de hacer crecer un negocio.
Dicho lo anterior, debe conocer los retos antes de decidir si es un trabajo que valga la pena asumir. Bob Formisano, arquitecto y constructor que ahora participa como guía de reparación de viviendas en About.com, enumera las inquietudes a considerar antes de aceptar el trabajo.
Responsabilidad: De quién será la culpa si surge un problema con algo que el contratista anterior hizo, pregunta Formisano. Llegue a un acuerdo claro antes de aceptar el trabajo. No quiere ser responsable del trabajo de otra persona, de modo que aclare al cliente que sólo será responsable del trabajo que haga.
Rentabilidad: Esto puede retrasarse cuando se asume el trabajo de otro, advierte Formisano. Esto se debe a que, además de arreglar el problema original, el nuevo contratista debe deshacer el trabajo que hizo el primer contratista, y eso toma tiempo. Incluya el tiempo en su oferta y aclare con el propietario la razón por la que su oferta pueda ser más alta que la del contratista original. Amablemente recuérdele que el primer contratista no tuvo que deshacer el trabajo mal hecho de $500. Sea claro y el propietario aceptará su mensaje.
Riesgo del cliente: ¿El primer contratista abandonó el trabajo porque el cliente era imposible de tratar? ¿O quizá el trabajo sea el imposible? “Puede haber muchos aspectos ocultos en el proyecto o el cliente”, advierte Formisano. En algún momento, debe confiar en sus instintos.
Complicaciones legales: ¿El propietario está demandando al primer contratista, o viceversa? ¿Quiere verse declarando en el tribunal? ¿Tiene el tiempo que un juicio podría costarle?
¿Debe dejar pasar este trabajo? Formisano dice que quizá quiera considerar asumir el trabajo si obtiene respuestas positivas a estas preguntas, o si este es un “cliente en el que confía o que viene bien recomendado”.
Considere la frase de Formisano: “viene bien recomendado”. Hay un punto que buscar. Por ejemplo, pídale al cliente los nombres de tres contratistas que hayan trabajado en su propiedad, llámelos y pídales sus opiniones extraoficiales. “¿Trabajaría con él nuevamente?” “¿Es un trabajo del cual se siente orgulloso?”
Reconózcalo: La mayor parte de los contratistas son propietarios de pequeñas empresas, trabajadoras y decentes, pero un puñado es deshonesto y otros no pueden entregar un trabajo de calidad consistente. No es la intención denigrar al negocio. Pero, en ocasiones, los propietarios se dan cuenta que han contratado a una persona rara, y en otros casos, el contratista desaparece, dejando trabajo que necesita retomarse a medio camino.
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